domingo, 21 de febrero de 2010

Condenados a saborear el "hybris"

>Pero Ícaro perdió las alas cuando pretendió alcanzar el sol...o tal vez no, pero en cualquier caso las plumas que le quedaban fueron insuficientes para volverlo a elevar; así, efímeramente y sin que Dédalo pudiese hacer nada, fue y se hundió en las profundidades del mar.


Del mismo modo en mi absurda inocencia me dediqué a aspirar rápidamente a algo mayor. Creí ser uno de esos dioses imbatibles, un dios omnipotente, que arrasa con todo lo que ve. Bebí del caliz de la arrogancia, creí en mis dogmas, los creí ciego y sordo a los demás hasta dirigirme al sol de la soberbia y encontrarme con que no era posible avanzar, fue así como acabé aplastado por mi propio ego.

Tonto de mí cuando me quedé sin alas, sin saber qué hacer, ni adonde ir, me abandoné a las profundidades de mi mediocridad, maldije mi inocencia, odié mi forma de ser hasta la saciedad, repudié esta cabeza loca que me llevó a tan desesperada situación. Pero a veces hay que derribar pilares enteros cuando la estructura no es sólida; puede ser que entonces no hubiese descubierto lo que llevo toda la vida buscando, que mis ansias de poder no fuesen de verdad, incluso es probable que todo fuese una forma de evasión de la vida que me tocó cultivar; pero por lo menos siempre guardé un poco de lucidez para esclarecer esas horas, días y semanas que parecen muertas, pues dispongo de la templanza suficiente para recordarme
que no es el fin ser un beta y encontrarme siempre en segundo lugar.

Y a pesar de que haya momentos en los que por muchas vueltas que de el reloj el
mundo no parezca girar por no haber alcanzado mis objetivos, atesoro en lo más
profundo de mi ser esa llama que me garantiza que habrá un mañana en el que sin ser
perfecto se puede mejorar; una llama de la cual prefiero prescindir, pues fue la misma que antaño me quemó las esperanzas con sus ficticias fantasías de un mundo irreal del cual yo era el dueño y señor.

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